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Desde niño, Kristopher E. Santiago Pérez tenía muy claro que quería completar dos sueños: ser ingeniero y estudiar en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM). Ayer, tras varios años de perseverancia y con un imparable espíritu guerrero debido a su distrofia muscular progresiva, logró graduarse de Ingeniería Química.

El joven de 26 años desfiló con su toga verde colegial que cubría un llamativa camiseta con el mensaje: “¡Al fin ingeniero, Santiago!”, durante la centésima segunda graduación del Colegio.

“Es un logro al fin terminar la carrera, seguir hacia adelante y demostrarle a mucha gente que pude. Muchos me preguntaban qué estudiaba y cuando les decía Ingeniería, me veían con una cara de ¿cómo?, ¿qué haces? Hasta me sugerían que me cambiara a una concentración más fácil, y yo les decía: ‘lo voy a hacer, lo voy a hacer’”, narró Santiago Pérez.

La vida universitaria de por sí conlleva cambios y retos, que eran mayores para él por sus problemas de movilidad. Sin embargo, tampoco lo detuvo en la misión de llegar a su objetivo de ser colegial.

“Yo empecé en el año 2007 estudiando Biología en la Universidad de Puerto Rico (UPR), en Aguadilla, pero mi meta siempre había sido estudiar Ingeniería Química en el Colegio. Así que luego de tomar las clases generales allá, solicité trasladarme al Colegio, y me dio mucho emoción cuando recibí la carta que decía que estaba aceptado”, recordó.

Fue así que en el 2010 comenzó en el RUM. Al principio, según indicó, la adaptación fue fuerte, por tratarse de un viaje más largo desde su residencia, pero tampoco lo frenó.

“Conllevó mucho sacrificio personal. ¡Al fin lo logré, después de tanto tiempo!”, expresó y se mostró muy agradecido de su red de apoyo. “Es mucha gente, una lista inmensa, a mi asistente Aurora, mi madre, mis profesores, y especialmente a la Universidad, que me ha ayudado bastante”, sostuvo.

De hecho, su madre Mayda Pérez Pérez, dijo sentirse “megaorgullosa” de su hijo mayor, quien cumple años el próximo 28 de junio.

“Él tiene muchas metas en la mente y logró uno de sus sueños. Yo voy a él, es mi inspiración día a día, porque si él puede, yo también puedo. Mi felicidad es muy grande, porque he luchado con gente en el camino que le ayuda y otros, que son tropiezo. Dios me envió dos hijos especiales y me siento muy orgullosa de ambos”, señaló la mujer, al hacer referencia de su otra hija, Natasha, quien tiene la misma condición de su hermano.

Kristopher Santiago dio, por último, un consejo a aquellos niños y jóvenes que tienen su mismo diagnóstico u otro similar que requiera utilización de sillón de ruedas: “Las limitaciones se las impone uno mismo. Hay que trabajar para alcanzar los sueños. No se rindan, no piensen en las barreras, sigan hacia adelante”.

Vía: elvocero

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