Mark-Shuttleworth

Cuando en octubre de 2011 Mark Shuttleworth publicó en su blog personal aquella entrada sobre el futuro de Ubuntu mucha gente estaba prestando atención. Esta distribución Linux, la más popular en este segmento, no se restringiría al escritorio: su ambición era llegar a “teléfonos, tablets, televisores y pantallas inteligentes en todas partes“, decía entonces.

Aquello fue el germen de un proyecto en el que por primera vez entendimos hacia dónde se dirigía la convergencia de dispositivos: tu próximo PC sería tu smartphone (o viceversa), y la gente de Canonical comenzó a sentar las bases de lo que poco a poco hemos ido descubriendo en la evolución de Ubuntu y Ubuntu Touch (o Ubuntu for Phones).

Unos comienzos complejos

Cuando el año pasado pudimos acceder al primer smartphone basado en Ubuntu lo hicimos con grandes expectativas: el proyecto se había retrasado más de lo debido -la intención inicial era que para Ubuntu 14.04 todo estuviese ya muy avanzado- y llegaba el momento de comprobar si Ubuntu en teléfonos podía tener sentido.

La plataforma, no obstante, nos dejó una sensación agridulce: aun con conceptos originales y valientes como los Scopes, el paradigma planteado por Canonical no escondía el hecho de que la oferta software era aún muy limitada. Hablábamos del caso WhatsApp, pero en realidad la oferta propia disponible en el escritorio Ubuntu no se veía trasladada a los dispositivos móviles.

Aquella era tan solo una de las pegas de una realidad que dejaba a Ubuntu con mucho que avanzar, sobre todo teniendo en cuenta que Microsoft lograba adelantar a esta propuesta por la derecha con un Windows 10 que precisamente iba dirigido a ofrecer esa misma idea de convergencia. Aun cuando Windows 10 Mobile tampoco acaba de estar pulido. Los recursos que manejan en Redmond les han permitido aprovechar ese concepto y hacerlo cristalizar con más rapidez.

La convergencia de Ubuntu, un año después

¿Qué ha cambiado un año después? Según Shuttleworth, la plataforma ha evolucionado sobre todo en el ámbito de la seguridad y del apoyo a los desarrolladores. En la demo con el nuevo tablet bq Aquaris M10 Ubuntu Edition, pudimos comprobar efectivamente no hay grandes cambios visuales en la interfaz de usuario táctil: los Scopes siguen siendo protagonistas, pero cuidado, porque hay novedades muy relevantes.

 

Eso se nota al desplegar el menú de sistema de la parte superior derecha y ver como en la parte de “Pantallas” o “Displays” se muestra precisamente la característica que todos esperábamos ver: el modo escritorio, que podremos habilitar y deshabilitar a nuestro gusto mientras manejamos el tablet o mientras lo conectamos a un monitor, teclado y ratón.

Es ahí donde precisamente percibimos la potencia de un concepto al que, eso sí, todavía le queda mucho trabajo por delante. El nuevo Mir -que reemplaza al legendario X Window System- ya forma parte integral de la distribución y su combinación con la nueva versión de Unity hace que en la tablet de bq podamos trabajar en modo tablet o en modo escritorio. En el modo tablet tradicional las aplicaciones aparecen maximizadas, sin más: la experiencia es la que esperaríamos en un dispositivo de estas características.

En modo escritorio la cosa cambia: de repente hasta los Scopes se convierten en una ventana que podremos arrastrar y soltar y redimensionar, maximizar o minimizar. En este caso particular no podremos cerrarla -los Scopes acaban volviendo a abrirse ya que son el pilar de la experiencia tablet- pero en el resto de los casos veremos como las aplicaciones móviles se convierten en aplicaciones de escritorio a nivel visual.

Una experiencia limitada por el catálogo software

Los responsables de Ubuntu han preinstalado algunas herramientas que permiten comprobar cuál es el resultado de ese soporte de la convergencia: Firefox o LibreOffice son buenos ejemplos de cómo al conectar la tablet a un monitor, teclado y ratón uno pasa a poder trabajar con ese navegador o esa suite ofimática como lo haría en un ordenador normal. Aunque no hay soporte de temas GTK y tampoco temas útiles como el lanzador rápido de Unity que permite acceder al Dash y comenzar a ejecutar aplicaciones escribiendo parte de sus nombres -lástima- la experiencia es en todo lo demás la que esperaríamos de un escritorio Ubuntu salvo por una cosa: las aplicaciones.

tablet-bq-ubuntu

Este es de nuevo el principal obstáculo que un usuario podría encontrar al usar la plataforma convergente de Canonical. No existe una tienda centralizada para móvil y escritorio, y la tienda de aplicaciones disponible en Ubuntu para tablets y móviles es distinta de la oferta que existía en el Centro de Software de Ubuntu. Como nos explicaba Shuttleworth, no todas las herramientas funcionan de forma nativa, aunque sí hay muchas aplicaciones X11 que sí están soportadas para el móvil. Aún así, nos destacaba, para poder acceder a una aplicación “legacy” de Ubuntu Desktop (por diferenciarlo de la plataforma actual convergente), esta herramienta tiene que estar “empaquetada” para el móvil.

En Ubuntu Touch se hace uso de los llamados paquetes “click”, que se generan a través del SDK de Ubuntu y que proporcionan dos ventajas fundamentales: un formato de empaquetado sencillo para los desarrolladores y, sobre todo, “confinamiento” de aplicaciones. Cada aplicación en el móvil está aislada del resto, y por tanto lo que unas hagan no afecta al resto y evita que una aplicación maliciosa acabe afectando al resto del sistema.

¿Quién podrá beneficiarse de este Ubuntu convergente?

Es curioso: en las demostraciones de producto en el stand de Canonical vimos cómo Ubuntu Touch estaba funcionando tanto en las nuevas tablets bq Aquaris m10 Ubuntu Edition como en los Nexus 4 que siguen siendo los dispositivos que han servido como base para el desarrollo de esta plataforma convergente. De hecho la conexión de un Nexus 4 a una pantalla vía SlimPort (para proporcionar salida HDMI) y a un ratón y teclado nos dejó claro que incluso en equipos relativamente antiguos esa experiencia convergente era posible y, como pudimos comprobar, decente.

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Sin embargo Shuttleworth quiso aclarar que de momento este tipo de experiencia está dirigida inicialmente a smartphones y tablets de gamas medias-altas. No nos dio especificaciones mínimas para poder acceder a esa experiencia, pero sí dejó claro que la idea es la de poder proporcionar la potencia suficiente para que el usuario note cómo tanto en modo móvil (o tablet) como en modo escritorio conectados a un monitor, ratón y teclado, la experiencia no se degrada.

La posibilidad de conectar un teléfono** a un monitor de forma cableada** vía HDMI (como en el Nexus 4 o en la bq Aquaris m10 Ubuntu Edition, que tiene un puerto Micro-HDMI) es la más adecuada para la experiencia más fluida posible, pero en realidad también es posible acceder a una conexión inalámbrica tanto a monitor (se hace uso del estándar Miracast tanto en el terminal como en la pantalla) como al ratón y teclado (vía Bluetooth).

Aquí hay otros elementos relevantes: el procesador y la memoria permitirán dar juego a experiencias de escritorio mucho más potentes y por esa razón Shuttleworth tenía claro que lo que hoy son dispositivos de gama alta y que permitirán disfrutar de esa experiencia convergente al máximo será la norma en uno o dos años y también los dispositivos de gama media o gama de entrada darán acceso a esta experiencica.

Ubuntu frente a otras alternativas convergentes

Era inevitable comentar con Mark Shuttleworth la situación de un segmento que parece haber validado esa idea de la convergencia. Windows 10 y su versión Mobile para smartphones son para Shuttleworth la prueba de que su visión era acertada, y precisamente le preguntamos por los puntos en los que actualmente Ubuntu supera a la propuesta de Microsoft y aquellos en los que cree que Microsoft va un paso por delante.

Canonical-en-CES-2012

Shuttleworth destacó que en su opinión la experiencia convergente de Ubuntu es “más elegante y más suave“, pero también quiso incidir sobre el ámbito de la seguridad con ese aislamiento/confinamiento de aplicaciones y, desde luego, en la experiencia para desarrolladores, que a su juicio tienen una forma potente de trasladar sus herramientas a este ámbito, empaquetarlas en formato click y ponerlas a disposición de los usuarios de smartphones y tablets Ubuntu.

Pero también veía flaquezas, por supuesto: el catálogo software de Microsoft -a pesar de no ser comparable al de Android e iOS- es un punto a favor de los de Redmond, que también tienen ventaja en otro apartado importante: el del número de dispositivos en los que ya podemos encontrar Windows Phone 8.1 -y que por tanto serán actualizables pronto- o Windows 10 Mobile.

Shuttleworth reconoce no haber visto aún en acción propuestas como la interesante Remix OS, pero nos confirmó que probablemente ese sea el camino que tome Google si como todo parece fusionan Chrome OS y Android en una plataforma que para él debería coger lo mejor de ambos mundos. En el caso de Apple -que sigue sin anunciar nada al respecto y parece apoyar la validez de estas dos plataformas de forma separada- Shuttleworth nos comentó como en su opinión Apple acabará moviendo ficha en este sentido, porque a ellos “les suele llevar más tiempo” dar este tipo de pasos.

¿Qué nos depara el futuro?

¿Dónde estará la convergencia en un año? Para Shuttleworth en doce meses habremos visto cómo terminales más potentes harán que la convergencia tenga más sentido que nunca, pero además daba especial relevancia a las tecnologías inalámbricas de conexión que permitirán disfrutar de esas experiencias sin -aparentemente- la necesidad de contar con esa conexión HDMI (por ejemplo) para disfrutar de una experiencia fluida.

Aquí, nos decía, su balance era curioso: cuando Ubuntu apareció en el mercado se convirtió en la distribución Linux más popular gracias a sus muchos aciertos a la hora de hacer que la experiencia de usuario fuera notable. Aquella aceptación global hizo que esta plataforma pronto se convirtiera en foco de atención tanto para lo bueno –Ubuntu se convirtió en sinónimo de GNU/Linux para muchos– como para lo malo.

Ciertas decisiones -Shuttleworth nos recordaba la polémica con los indicadores de ventana– fuero muy discutidas y en ciertos ámbitos quedó claro que Canonical y Ubuntu querían seguir su propio camino. Quizás eso provocó que cuando apareció esa ambiciosa idea de la convergencia Shuttleworth se mostrara algo sorprendido por la relativamente reducida cantidad de gente que comprendió e incluso apoyó la idea. Ese puede haber sido uno de los factores clave de una evolución que ha sido más lenta de lo que muchos esperábamos, pero Shuttleworth no dejaba de repetirlo una y otra vez: la comunidad sigue siendo la clave del éxito de Ubuntu y de esta plataforma convergente: “la mitad del trabajo actual no es de Canonical, sino de ellos”, afirmaba con orgullo.

Vía Xakata

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